sábado, 3 de abril de 2010

Eructos Literarios: Los Cuentitos del “Oso Paco”.



¡Qué pasotes con ésos elotes! ¡Já ja ja! ¡Así decíamos en la era cuaternaria para saludarnos! También decíamos: “Qué pasión salvaje, bandaaaaa…” A mí me tocó el rabito de las pandillas. ¿Se acuerdan del los famosos “Panchitos”, los B-U/K (“Bandas Unidas Kiss”, un nombre muy fresa para jóvenes tan desalmados, ¿no creen?) y, ¿por qué no? Los tristemente célebres “Pelones de Peralvillo”?


Fue una época dura, ciertamente. Uno no podía ni ir al cine, por que de pronto se descolgaba una pandilla como de veinte chavos o mas que se metían a echar relajo. Y lo peor era cuando llegaba la ley, “Don Justo”, como le decíamos. “La Tecolotiza”, ya que agarraba parejo. Afortunadamente, a mí por niño nunca me hicieron nada, pero a cuates de la cuadra que en ése momento eran jóvenes de entre 15 y 20 años, van ‘pa dentro, al tambo, encerrados por llevar la música por dentro, encerrados por tener tanta energía y ningún medio para canalizarla… Hasta que llegó la droga institucionalizada en mafia, y esos pandilleros se volvieron narcos, ante la imposibilidad de futuro.


Es sencillo, no se crean. ¿Para qué se estudia como loco durante más de diez años, para qué corchos se está quemando uno las pestañas durante tanto tiempo, si cuando uno acabe la carrera le esperan la supervivencia vendiendo cd’s piratas, o estar de empleado ganando $2500 pesos al mes, sin seguro social, anclados en trabajos que nunca le van a dar a uno satisfacción, menos la idea de mejorar el nivel de vida? Por eso el narco atrae a tantos jóvenes, ante la premisa de que “más vale una vida corta pero plena”. “El palo dado ni Dios lo quita”.


¿A que viene esto? A que yo creo que uno debe estudiar por vocación, no por ganas de ganar dinero. Pero desde que iba yo al CCH ya comenzaban los gobiernos neoliberales a cocinar el escenario que vemos hoy en las escuelas. Los chavos estudian, por que creen sinceramente que de eso van a sacar dinero. Ya les metieron a cajón la idea de que las cosas técnicas son opciones viables, en un país que necesita con urgencia médicos, músicos, filósofos, ingenieros, historiadores y no tanto diseñador gráfico, no tanto técnico en cosmetologías, ni técnicos capturistas en informática. Esas cosas no las necesita el país, las necesitan los empresarios, aquellos a quienes las humanidades les valen un soberano barquillo.


Entendámonos. No estoy yo en contra de las carreras técnicas, sino de que se vean como una meta final. Estoy en contra de que un muchacho responda como su vocación el ser Técnico en Informática. ¡Eso no es vocación! ¡Eso se hace para ganar dinero, no me vengan con cuentos! Lo malo es que los chavos ya están bien alienados gracias a que a nadie le importa el futuro de éste país, sino el futuro personal e inmediato. Vean a los empresarios que llenaron de publicidad las escuelas con el pretexto de pintarlas, vean a las autoridades de la Secretaría de Educación, que se hacen como que no ven ante las cuotas, ante el asunto de que sea el director de las escuelas el que decide dónde se compra el uniforme, vean a la maestra diabólica regalando carrazos a diputados y controlando los destinos de la nación sin importarle nada los niños (nada más el futuro de la patria), y vean a los mismos padres de familia, consintiendo esos ultrajes, vendiendo boletos para que sus hijos sean electos “reyes de la primavera”, cuando eso debiera hacerse por votación de los mismos niños, en el patio de la escuela, sin tener que pagar nada, y se quedan callados de que retiren de las escuelas la leche del DIF por que los niños (vean la idiotez. Esto lo escuché de un subsecretario de educación en el radio) “ya no están desnutridos como en los 70’s, sino que ahora están gordos”.

Volvemos a los tiempos de Santa Anna (¿Acaso salimos alguna vez de ellos?), donde a nadie le importaba lo que ocurriera afuera de su puerta, y el resultado: nos robaron la mitad del país, por pelearnos entre nosotros por intereses personales y no contra el enemigo común que era Estados Unidos y su monstruosa ambición, por no ver más allá de nuestras narices. Vean cómo está el país, que hasta los mismos cínicos gringos han dicho que somos un estado fallido. Desgraciadamente, no les falta razón.

Por eso es muy raro encontrarse en éstos tiempos duros, a una maestra de preescolar que tenga las ganas de despertar en sus educandos la imaginación que los niños traen de forma natural, y que es cortada de raíz por la televisión y la supervivencia diaria. La maestra Luchita vino a mí una día, con la propuesta de hacer una historieta para sus niños. Ella trajo la historia, pidiéndome que la mejorara, y que la dibujara. La historia salió de una serie de palabras que se podían formar a partir de la palabra “Caleidoscopio”, y éste fue el resultado: una historia sencilla, y muy bonita que les presentaré de ésta forma: primero les pongo la historia original, y después la que compuse yo en base de la primera. ¡Ahí les va!:

1.0: Lista de palabras formadas a raíz de “caleidoscopio”:

1. CÁLIDO.
2. DOS.
3. COPA
4. COPIA
5. LEÍDO
6. COCO.
7. COPIO.
8. CAL.
9. PICO.
10. PÍO.
11. PÍA.
12. SOL.
13. DÍA
14. CODO.
15. OSO.
16. OSA.
17. LEA.
18. ACOPIO.
19. PISO.
20. SALE.
21. IDEAS.
22. DOCE.
23. ALE.
24. SOPA.
25. POSEÍDA.
26. PACO.
27. SALIÓ.
28. LOCO.
29. POCO.
30. CASCO.
31. SALÍ.
32. OLEOSO.
33. OLA.
34. OLAS.
35. CELIA.
36. SAL.
37. COL.
38. COLA.
39. COPOS







1.1: Relato original de la maestra Luchita:


Era una vez en lo profundo del bosque, que vivía un oso llamado Paco, el oso Paco, al cual le gustaba mucho leer historias de fantasía y aventura. El oso Paco era tan soñador, que sus amiguitos lo tachaban de loco, y Paco el oso se ponía muy triste.

Un día, cuando salió el sol, Paco el oso decidió hacer realidad su sueño de conocer las olas del mar, poseído por sus ideas, Paco el oso emprendió su viaje al cálido y oleoso mar, sin saber lo que el destino le deparaba.

Paco el oso salió de su casa muy entusiasmado, tanto que se le olvidó comer su sopa de codo y tomar sus dos copas de coco, pero al ir por el camino se encontró a la osa Celia llevaba un poco de sal y col lo invitó a su casa a preparar una rica sopa acompañada de refresco de cola, cuando entraron dos pollitos le dijeron pío pío que eran blancos como copos de nieve al entrar al patio pisó lodo un pollito lo picó adolorido se quedó la herida se le infectó, Celia lo cuidó y con ella se quedó.

Fin.








2.0: Relato modificado.


Erase un vez que se era, en lo profundo del bosque, un oso que se llamaba Paco, al que le gustaba mucho mucho mucho leer historias de aventuras en el mar. Sus maestros siempre estaban muy orgullosos de él, por que había leído muchos libros, como “Simbad el marino”, que está dentro del libro “Las mil y una noches”, ”Sandokan”, ”Moby Dick”, “Veinte mil leguas de viaje submarino” y muchos libros que hablaban de aventuras en el mar. Cuando salía de la escuela, después de jugar con sus compañeritos a la pelota y a las escondidas, se sentaba debajo de un gran árbol y sacaba su libro y se ponía a leer en voz alta, y comenzaba a imaginarse a los piratas y sus buques, las olas del mar y él se sentía con su parche en el ojo, con su cabello moviéndose por el viento cálido del mar.
Al verlo así, sus amiguitos se burlaban de él, diciéndole cosas que ponían muy triste a Paco:
- Sale Paco, vamos a seguir jugando…
- Si, ya deja de leer tu libro…
- Ándale, pareces loco leyendo en voz alta…
- ¡Ya déjenlo! ¡A mí me gusta cómo lee Paco!
- ¡Sí! ¡A nosotros también nos gusta cómo lee! ¡Pío! ¡Pío! ¡Pío!
Dijeron a coro la osa Celia y sus amiguitos Ale y Dopi, que eran dos pollitos blancos blancos blancos, tan blancos, que parecían hechos de copos de nieve, y que eran los únicos que se sentaban junto al oso Paco cuando comenzaba a leer, y se imaginaban junto a él con parches en los ojos, viendo el mar azul, y se quedaban juntos hasta que tenían que regresar a casa.
Pero el oso Paco siempre se quedaba muy triste por las cosas que le decían sus compañeritos, y después de darle su beso de buenas noches a su mamá, se decidió a ir a tener una aventura en el mar, ya que había escuchado del señor Conejo que si seguía el camino, llegaría hasta allá.
- Al fin, mañana es sábado y no hay escuela. Me voy tempranito, y cuando regrese, nadie sabrá que salí...
Se dijo cuando el hada de los sueños llegó e hizo que sus ojitos se fueran cerrando y se quedó dormido, soñando con piratas.
Al día siguiente, muy pero muy tempranito, a la hora en que el sol asoma sus pelos güeros entre los árboles, el oso Paco metió en su mochila un refresco de cola y su libro que le gustaba mucho leer, y se dijo:
-¡Hoy haré realidad mi sueño de conocer las olas del mar!
Y poseído de ganas, con la cabecita llena de ideas y de ganas de ver el mar, el oso Paco salió de su casita en el bosque, y tomó el camino que le dijo el señor Conejo que iba hasta el mar. Sintió frío, pero se dijo valientemente:
- ¡El mar es cálido!
Y echó a caminar más rápido; con tantas ganas, que hasta se olvidó de desayunar su sopa de codo que le hacía cada mañana su mamá. Iba con tanto entusiasmo, que hasta se le olvidó tomarse sus dos copas de agua de coco que le gustaba tanto. Tenía tantas ganas de ver el mar, que hasta se le olvidó despedirse de su mamá.
De pronto, Paco el oso escuchó unas pisadas a sus espaldas. Volteó rápidamente, pero no vió nada. Sintió miedo, pero como era valiente, gritó mientras sacaba su espada de madera que su papá le había hecho:
- ¡Los marineros somos muy valientes! ¡Voy al mar, y ningún fantasma me va a parar!
- ¡Espera, Paco! ¡Espéranos, queremos ir contigo!
- ¡Sí, pío!
- ¡Nosotros también queremos ir, pío!
El fantasma resultó ser la osa Celia y los pollitos Ale y Dopi, que llevaban un rato siguiéndolo. El oso Paco guardó su espada de pirata de madera en su funda, y sonriendo le dijo a sus amiguitos:
- ¿En serio? ¿Quieren venir al mar conmigo?
- ¡Claro que sí! ¡Traje comida para hacer un día de campo! Mira, aquí está la sal, aquí está la col…
Dijo la osa Celia, mostrando lo que llevaba en su mochila. Y los pollitos dijeron a coro, por que siempre que hablaban, lo hacían a coro:
- ¡Y nosotros sabemos bien el camino! ¡Pío! ¡Mi mamá nos llevó cuando todavía éramos unos huevitos! ¡Pío!
Contentos, echaron a caminar, y así como el sol subió casi a la mitad de su camino, a las doce del día, ellos vieron como los árboles del bosque se hacían palmeras, y la tierra y el pasto poco a poco se quedaban atrás para comenzar a pisar el piso de arena. Entonces, pasando una duna blanca como la cal, los cuatro gritaron emocionados:
- ¡El mar! ¡Lo logramos! ¡Lo logramos!
Y echaron a correr hasta llegar a las olas. Los pollitos comenzaron a hacer un castillo de arena, copiado de una revista que alguna vez vieron, mientras Paco y Celia jugaban con el agua, y después, Celia puso un mantel y comenzaron a comer la col, y Paco sacó el refresco de cola de su mochila, muy contentos; pero en eso, una máquina con muchas ruedas, con un casco como cabeza, lleno de picos y ojos de foquitos, entró en la playa, llenándola de un líquido oleoso y que olía muy feo, además de que con sus picos y sus ruedas, iba rompiendo las palmeras y destruyendo la playa. Enojado, Paco el oso le gritaba:
- ¡Detente! ¡¿Por qué haces esto?! ¡¿No ves que estás rompiendo todo esto que es tan bonito?!
- Bip. No sé qué es bonito. Bip. Debo hacer espacio para más máquinas, bip… Todo esto estorba, bip bip…
Le responde la máquina mientras sigue su camino, rompiendo todo. Paco, enojado, saca su espada de pirata y corre hasta la máquina sin escuchar los gritos de Celia la osa y los pollitos Ale y Dopi:
-¡Detente Paco! ¡Esa máquina no tiene corazón! ¡No sabe lo que es bonito!
- ¡Pío pío pío! ¡Detente, Paco!
Pero Paco el oso, haciendo acopio de valor, tiró un espadazo tan fuerte a la máquina, que la espada se rompió. Cayó, con el codo doliéndole por la fuerza con que dio el golpe, y se da también un golpazo muy fuerte en la cola por la caída. Llegan junto a él sus amigos, y Celia lo cura, vendándole el codo, mientras la máquina, echando humo, se detiene, mira a Paco y a sus amigos, y les dice:
- Bip. Me has ganado, bip, pero no podrás vencer a todas las máquinas como yo, bip…
-¡Claro que sí! ¡Leeré mucho, y sabré cómo detenerlas!
Dice Paco a la máquina, que lo ve por sus ojos de foquitos.
- Bip. Bip. Entonces sigue leyendo. Quizá hasta nos puedas inventar un corazón para que sepamos ver todo esto que dices que es bonito, y así, si tenemos un corazón, sabremos lo que es bonito y no lo rompamos, bip. ¡Adiós!
- ¡Adiós, máquina! ¡Ya no rompas nada!
Dicen los amigos, viendo a la máquina regresar por donde vino. En eso, Celia nota que el sol está a punto de ocultarse en las olas del mar. Sonriendo, le dice a Paco:
- Ay, ojalá ésa máquina tuviera idea de esto tan bonito, Paco…
- Si. Es feo no tener corazón. Estudiaré mucho, y haré un corazón para que todas las máquinas puedan saber por qué son bonitos los árboles, y el mar, y el sol, y todas las cosas…
-Y yo te ayudaré, Paco. –dice Celia, sonriendo.
- ¡Y yo, pío! –dice Ale, contenta.
- ¡Yo también, pío! ¿Nos vamos? Nuestros papás ya han de estar preocupados por nosotros. –dice Dopi, echando a reír.
-¡Bien, vámonos! Pero volveremos el sábado que viene, ¿si?
-¡Sí!
Y echan a andar de vuelta el camino hacia el bosque. Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.

Fin.






¿Cómo ven? Espero que les haya gustado, tanto como para leérselo a los niños pequeños que tengan cerca. Cuando vean la historieta, que espero ponérselas a partir de la siguiente entrega, verán que me decidí a dejarla como la historia original, salvo dos agregados, que espero hayan quedado bien. Bueno, a la maestra Luchita le gustó, aunque debo decir que siempre no le enseñé el segundo relato…

¡Sayonara! ¡Hasta la semana que entra!

viernes, 19 de marzo de 2010

Histerieta: “La Última Última Cabalgata de Piero Bambini” Quinta Entrega.


¡Cómo están! Sacudidos, ahora que la tierra tiembla como un ebrio, ahora que el calor está más insoportable que nunca, y que el agua nos atemoriza, ya que no podemos beber libremente de la llave como antes, además de que ya casi no hay, recordándonos que poco falta para que la Gracia del señor Jesucristo se termine y regrese, pero a juzgar… Piénsenlo bien, ya que es algo muy serio, ¿en qué lado estarás tú cuando Él regrese?


Y pues, continuemos, les sigo comentando lo último del sismo de ’85, lo que aún recuerdo.






Regresé caminando a mi casa ése 19 de Septiembre de 1985, por las devastadas calles de la colonia Roma. Sí, como suponen bien, soy carroña de la Roma, siempre quise mucho mis calles de Puebla, de Colima, de Guadalajara, y mis parques España y México, mi avenida Chapultepec, así que me entró un sentimiento muy macabro al ver varios edificios colapsados, además de que pasé también por mi ex primaria, la “Alberto Correa”, y la vi derruida, aplastada, con los escritorios donde alguna vez estudié y dibujé, sosteniendo lozas de concreto.
Tenía prisa por regresar, ya que mi amigo “Nalgo” (al que salvó su portafolios al caer sobre él) me porfiaba que regresáramos juntos, pero yo temía sinceramente que el edificio donde vivía se hubiese desmoronado.

Tenía por qué estar temeroso, ya que ése viejo edificio había sido levantado en la década de los 40’s, y la mayoría de los edificios que vi que se vinieron abajo, eran más o menos de ésa época. No imaginan el alivio que sentí cuando al dar vuelta a la esquina de Puebla y alcanzar la mitad de mi querida cuadra, vi que “El Edificio” seguía en pié. Una vecina, de quien ya alguna vez les platiqué, la finada Elina Cariño, excelente pintora, se asomaba por la ventana en ése momento, y me dijo en tono burlón a manera de saludo: “¡Cómo! ¿Estás?”

Y bueno, ya. Mi familia me recibió abrazándome, contenta de que estaba en una pieza, ya que por el radio habían escuchado la magnitud del terremoto, y los flashes de noticias nuevas llegaban a todas horas. Cuando llegó la noche, me acosté un momento a descansar, ya que hasta ése momento me dí cabal cuenta de que seguía muy tenso.

Apenas había cerrado los ojos, cuando de pronto, la pesadilla se repetía, pero ahora magnificada por la certeza de las consecuencias. Si el primer terremoto, el de 8.1° (que no sé porqué ahora les da por bajarle la intensidad a 7.9) provocó miedo, el que siguió fue aterrador. En el primero, el temor fue más bien instintivo, casi animal, pero en éste segundo, después de ver y escuchar todo lo que había provocado, después de meterse en la cabeza, fue peor. Recuerdo el movimiento, y era tan brutal, que casi me tiraba del marco donde nos escudábamos mi hermano y yo. Y lo peor: el tiempo parece detenerse. La plegaria que uno reza en su mente, se convierte en gritos destemplados pidiéndole a Dios que detenga la tierra. Acabé con las manos cansadas de haberme sujetado a ése marco de puerta, y agotado de la pura tensión. Cuando cesó por fin el movimiento, salimos todos los vecinos a refugiarnos en la calle, sin querer regresar por ésa noche, ésa terrible y larga noche, a nuestras camas, por temor de caer vencidos, aplastados por la muerte hecha concreto y varillas. Nadie durmió ésa noche, aunque nos arrebujamos en la calle, con cobijas de todos, acostados sobre cartones y una que otra colchoneta que los valientes sacaron de sus casas, entre un café y panes y la sirenas que a todas horas pasaban. Mi hermano se enlistó luego luego en una cuadrilla de ayuda, y a mí no me aceptaron, por que estaba muy chico, además de que me sentía agotado.

Ah, qué de recuerdos. Y bueno, déjenme terminar con los cabos sueltos. Era justo platicarles del terremoto, de mi vivencia personal de ése momento horrible, y permítanme retomar el hilo de Piero Bambini, por que se me juntaron las cosas, y ésta es la última entrega de ésta historieta; les prometo que no me cuelgo mucho.

¿En que me quedé? Creo que cuando la entregué. Como pueden darse cuenta, los dibujos son algo apresurados, por que terminaba una página por día. Si no lo hacía así, no iba terminar nunca. Llegué patinándome, y al entregarla y ser revisada, pude ver a otras historietas que estaban siendo entregadas en ése momento, y al compararlas, creí sinceramente que podía ganar. Vamos, la categoría era “Alternativa independiente”, y las otras cosas que vi en ése momento, eran puros robots, y me parece que desde los 60’s, después de Isaac Asimov, los robots ficticios poco pueden ofrecer. El premio no era gran cosa, además de que la historieta no se ve de forma seria en éste país, ya que quién sabe por qué, ha quedado marcada por el denigrante “infantilismo”. La mayoría de la gente, piensa al ver “monitos”, que por el hecho de ser “monitos”, son para niños. Y generalmente, ésa misma gente piensa en los niños en términos de “da- da gu-gu”, ya que les niega la estatura de seres pensantes. En fin, que la historieta en México, pese a ser ávidamente consumida, carece de lectores inteligentes. (¿Pero cuánta gente lee en México, aunque sean artículos sueltos de revistas? Un mal hábito que cierra los horizontes a la población, y que los maestros deberían revertir, pero con eso de que ya no quieren ni poner tareas ni revisarlas, quieren que eso lo hagan los padres…)

Volviendo al tema, me sentí un ganador sin tener en realidad argumentos validos para sentirme así, y así viví un rato, intoxicado por la pura idea de ganar. Bien dicen que el hombre propone, y es Dios quien dispone.

Llegó el tan esperado día de la premiación, y para variar, la autopista estaba hecha un caos. Llegué tarde a la cita con mi amigo “Nalgo”, que fue el único que accedió a acompañarme en tan importante momento para mí, y llegamos cuando ya estaban dando los premios. Ahí me enteré que “La última última cabalgata de Piero Bambini” había sido proyectada en diapositivas, y que recibió halagos por su atmósfera y su dibujo por parte del jurado, y hasta ahí me cayó el veinte de que a los ganadores siempre les llaman por teléfono para avisarles y que lleven algo preparado para decir ahí, ¡y a mí nunca me llamaron! ¡ARRGGHH!!

Ganó una historieta de robots. Fantástico. Un refrito con algunas variaciones que fluctuaba entre “Blade Runner” y “Ghost in the Shell”. En realidad, la historia no era tan buena, ya que era rebuscada hasta decir basta, no así el dibujo, que era limpio y eficiente, aunque algo amuñecado, es decir, como si hubieran dibujado muñecos en vez de personas, ¿si me explico? No quedé satisfecho con el fallo, ya que, a mi parecer, otra historieta, (y no Piero Bambini, está bien que soy ególatra, pero no tanto) debió ganar: “Terror Digital”, ya que era una historia negra de detectives. Muy bien narrada, y el dibujo era de autor, con un sello característico, con un final sorprendente, una diagramación bien equilibrada. Déjenme les pongo después el nombre de los autores, por que en éste momento no tengo ésas historietas, las tengo en mi “studio”. Ésa sí que era una historieta alternativa. La categoría de manga ni la menciono, porque eran muy, pero muy pobres, en historia y en dibujo, en diagramación, en atmósfera, en forma narrativa… Ninguna mereció ganar a mi parecer.

Bueno, con un afán de comprender qué es lo que mueve la mente de los jurados, compré todas las ganadoras (el premio era la publicación de la historieta ganadora, con un tiraje de mil ejemplares, para venderse en la Feria de la Historieta), pero creo que sí gané algo. Como diría el sabio maestro Rochi a Ten-Shin-Han: “si Gokú gana en éste instante, se sentiría el mejor del mundo, y dejaría de buscar su perfeccionamiento”. ¡Qué bueno que no gané! Me hubiera aletargado, durmiendo en mis laureles. No ganar me hizo reflexionar profundamente sobre la actitud que debe tener un artista, lo que persigue; me hizo decirme: “¿qué estoy buscando?” “¿fama?” “¿reconocimiento?” “¿Por qué pinto, por qué escribo, por qué sigo en ésta locura de hacer historietas en un país donde a casi nadie le interesan estas locuras?” “¿Por qué?” Y creo que la respuesta es bien sencilla: Pinto, escribo y dibujo, porque sí. Por que hay cosas que hay que decir, aunque nadie esté de acuerdo, aunque a nadie le guste la voz que las dice, aunque a nadie le interese el medio por el cual dichas cosas son expresadas. “Hacemos canciones para no estar solos”, canta el argentino Juan Carlos Baglietto, y tiene razón. Y también por que se siente muy bonito superar la angustia que produce la hoja limpia, el medio vacío. Y la razón más importante: por que ahorita, en éste preciso instante, me estás leyendo tú, y me estás respondiendo, de la forma en que tú quieres, la forma que tú, amigo, amiga, juzgues conveniente. La fama no importa, si tú me lees en éste momento, si ves mis cuadros, si lees y observas mis historietas. La única cosa que un artista debe perseguir es ésta: la comunicación cuando yo me muestro, y tú me respondes, aunque sea con un gesto despectivo. Gracias. Muchas gracias.

Y bueno, se acaba Marzo. ¿Qué les pondré ahora? Como sigue Abril, creo que les pondré una historietita muy pequeña que hice para una maestra de preescolar, para sus alumnos, para que vean que éste Cojín peludo y harapiento también es para los más pequeñitos.

¡Sayonara! ¡Hasta la siguiente entrega!

sábado, 6 de marzo de 2010

Histerieta: “La Última Última Cabalgata de Piero Bambini” Cuarta Entrega.

Y siguen los temblores, qué le vamos a hacer, sino agarrarnos de donde se pueda.




Vaya mi solidaridad con el pueblo chileno que ha tenido que sufrir a los sicarios como el Pinochet, y ahora el rigor de la naturaleza, y tambièn con toda la gente que ha sufrido de los temblores, tanto de las manos al ver a una muchacha bonita, hasta éstos que nos tumban las casas y derriban nuestra seguridad y autoestima, por que, ¿quién no se ha sentido pequeño, ante la fuerza enorme y contundente de un terremoto? Son horribles, y la gente joven que no ha sufrido uno, pues neta, que se han salvado de una experiencia fea. A mí, pese a haber pasado tanto tiempo desde que sufrí el terremoto del ’85, hasta la fecha, cuando tiembla, las manos me sudan e inmediatamente busco la maleta en donde guardo todas las cosas importantes, en caso de que haya que salir huyendo de la casa, que por el poder de la naturaleza, hace que se convierta de hogar, a un moustruo feroz que puede destruirnos con sus dientes de tabique y cemento.

Y las memorias… ¿En donde me quedé? Ah. Pues sí, como les platicaba hace dos entradas, la tierra dejó de moverse ése 19 de Septiembre de 1985. Recuerdo algo de ése día, ya que estaba nublado, y cuando el caliche de la secundaria se hubo asentado, el cielo estaba limpio, de un azul profundo. Pero no hubo calma. Los compañeros lloraban. Hubo un detalle que llamó poderosamente mi atención, y era a un corro formado por muchachos llorando, tomados de las manos y rezando entre sollozos el Padrenuestro. Alguien me llamó la atención sobre una mano que estaba en medio de dos lozas, y yo la vi, pero en total shock, y no puedo recordar claramente si sí era una mano, o algún trapo que semejaban dedos, justo donde estaba la entrada al salón del 2-C. Llegaron hasta mí dos compañeros, uno de ellos cargando con fuerza un portafolios negro que aún conservo (me lo regaló después) por que le salvó la vida al saltar del primer piso de la secundaria antes de que colapsara y aterrizar sobre él; llenos de caliche, y adiviné que ellos eran mi espejo. Nada iguala más a los hombres que la desgracia, leí después en algún libro, y la descripción del espejo de todos, que éramos todos, queda justo. Todos iguales por un momento, por lo menos hasta que la voluntad y la bonhomía se impuso, y aparecieron los héroes, los arrojados que se despojan de su yo para salvar a otro yo.

Les platico: llegaron hasta nosotros, sorprendidos, dos amigos más: el “Pitufo” y el “Chueco”. El “Pitufo era un maestro en el arte de soñar con ciencia, ya que todas sus fantasías eran sustentadas con conocimientos sacados de revistas de ciencia, hablantín hasta los codos, y muy fuerte y ágil, ya que su padre era (o es, ya no conservo contacto con él) doble de cine, y lo obligaba a hacer ejercicio. Y el “Chueco”. Le decíamos así, por que sufría de una enfermedad que poco a poco lo postraba en la inmovilidad al deformarle los huesos. Cuando lo conocí, se movía lentamente, ayudado por un bastòn, pero cuando dejé de verlo, se hallaba ya en una silla de ruedas. Por lo mismo, cuando el moustruo que deshizo a zarpazos la tierra derribó la escuela, él no pudo correr. El “Pitufo” estaba cerca, y el “Chueco” sólo pudo gritarle “¡ayuda!”. El “Pitufo” lo escuchó, y regresó sobre sus pasos, para cargarlo por la cintura y volver a correr, antes de que la secundaria los aplastase.
Déjenme hacer un paréntesis. Ustedes, los veteranos lo recordarán bien. A nosotros nos hacían cargar hasta con la cocina, nuestras mochilas pesaban fácil 15 kilos de libros y cuadernos inútiles, y nos dejaban tanta tarea, que a veces uno no podía dormir. Por eso no me caen bien los pájaros, por que me recuerdan aquellas noches interminables de tareas de física, geografía, matemáticas, con la angustia de no poder terminar, y de pronto, los pájaros cantaban, recordándonos que ya no habíamos podido dormir. ¿A que viene esto? A que todos, alguna vez, nos escapábamos de la formación de entrada y nos escabullíamos al salón a terminar a toda prisa alguna tarea. Por eso creo que hubo bastantes bajas de compañeros, y viene también a que el “Pitufo” no solo cargó su portafolios tamaño vendedor de alfombras, sino que tuvo los arrestos para regresar con la suficiente rapidez, cargar al “Chueco” con todo y cargamento, y regresar corriendo. Un valiente, eso que ni qué.

Bueno, un maestro de educación física (no el “Carpinteiro”, que no fue ése día, porque ya estaba retirado. Luego les platico de él, ya que era todo un personaje.) junto con un trabajador de mantenimiento, con dos mandarrias abrieron un boquete en la pared, y por ahí nos dejaron salir, afuera, al caos. Filas enormes para los pocos teléfonos públicos que estaban funcionando (aún no había celulares) el metro no estaba trabajando, y ambulancias y patrullas circulando a toda prisa con la sirena abierta. A pocos metros de ahí, un edificio que también se cayó sobre la calle de Mérida, creo, y más allá, el humo de los Televiteatros, que también se estaban incendiando. La gente, la gran mayoría llenos de caliche, avanzaban en filas hacia sus casas, a pié. Era un escenario dantesco, ahí comprendí un poco lo que debieron sentir las gentes que vivieron durante la segunda guerra en Europa. Todo tenía un aire como de bombardeo.

Bueno, me despido por hoy, recordando a los compañeros que se fueron, comidos por la tierra, devorados por Tlazoltéotl. ¡Descansen en paz, caídos de la Heroica Secundaria Diurna Número Tres, “Héroes de Chapultepec”! Quizá no fuimos como los valientes que murieron defendiéndonos de los Gringos y de Santa Anna en 1845, pero en la gesta por sobrevivir, ¡seguro que tenemos memorias! Y la semana que entra, les platico la segunda parte de éstas memorias del sismo, el Gran Terremoto de ’85, Ciudad de México, tu Implosión.

¡Sayonara!